Janucá es una festividad del calendario judío que se celebra durante ocho noches y que conmemora un episodio histórico y religioso ocurrido en el siglo II antes de la era común. Celebra la defensa de la identidad judía frente a la adversidad.
Conocida como la Fiesta de las Luces, esta celebración recuerda la rededicación del Templo de Jerusalén tras la revuelta de los macabeos y transmite un mensaje que ha trascendido siglos: la defensa de la identidad, la libertad religiosa y la perseverancia frente a la adversidad.
El contexto histórico de Janucá
El origen de Janucá se sitúa en un período de fuerte dominación helenística sobre Judea, bajo el control del Imperio seléucida. Durante ese tiempo, se prohibieron prácticas centrales del judaísmo y se impusieron costumbres ajenas a la tradición del pueblo judío.
Frente a esta situación, un grupo liderado por la familia de los macabeos inició una rebelión que culminó con la recuperación de Jerusalén y del Templo.
Una vez retomado el Templo, fue necesario purificarlo y rededicarlo al culto judío. Según la tradición, solo se encontró una pequeña cantidad de aceite puro para encender la menorá, suficiente para un solo día. Sin embargo, ese aceite ardió durante ocho días, el tiempo necesario para preparar más aceite consagrado. Este hecho es recordado como el milagro que da sentido a la duración de la festividad.
El significado espiritual de la luz
La luz es el eje simbólico de Janucá. Cada noche se enciende una vela adicional en la janukiá, un candelabro de nueve brazos, hasta completar ocho luces más una vela auxiliar llamada shamash.
Este ritual expresa la idea de que la luz espiritual puede crecer incluso en contextos de oscuridad y que una pequeña acción puede generar un impacto duradero.
Más allá del aspecto religioso, la luz representa valores universales como la esperanza, la resiliencia y la transmisión de la memoria histórica. Por ello, Janucá se ha convertido también en una celebración con un fuerte contenido cultural e identitario.
Tradiciones y costumbres de la celebración
Durante los ocho días de Janucá, las familias judías se reúnen cada noche para encender la janukiá, generalmente colocada en un lugar visible del hogar. El encendido se acompaña de bendiciones y cantos tradicionales, reforzando el carácter comunitario de la festividad.
La gastronomía ocupa un lugar destacado, con alimentos preparados en aceite como los latkes (tortitas de papa) y las sufganiot (donas rellenas), en recuerdo del milagro del aceite. También es tradicional el juego del dreidel, un trompo con letras hebreas que aluden a la frase ‘Un gran milagro ocurrió allí’.
Janucá en el mundo contemporáneo
En la actualidad, Janucá se celebra tanto en el ámbito privado como en espacios públicos de numerosas ciudades del mundo. Encendidos públicos de janukiot, actividades culturales y eventos comunitarios forman parte de la conmemoración, reforzando la visibilidad de la tradición judía en sociedades diversas.
Aunque no es considerada una de las festividades más solemnes del judaísmo, Janucá ocupa un lugar especial por su mensaje atemporal. La celebración invita a reflexionar sobre la libertad de culto, la defensa de la identidad cultural y la importancia de mantener vivas las tradiciones a lo largo del tiempo.